Lágrimas de mármol

Cincuenta y dieciocho son los años que hoy cumple Joaquín Sabina, y en esta ocasión nos ha hecho una invitación global a todos lanzando el segundo single del nuevo disco, "Lágrimas de mármol". A pesar de que nos advierta de que las jaranas ya no son como antaño, la frescura de estas nuevas canciones nos lleva a quedarnos con el segundo operando de la cuenta (50+18). De hecho, si nos atenemos a su último testamento en verso, son justamente dieciocho los años que lleva pensando en recogerse

"El tren de ayer se aleja, el tiempo pasa,
la vida alrededor ya no es tan mía,
desde el observatorio de mi casa
la fiesta se resfría."
Lágrimas de mármol podría contemplarse como una revisión de sus cuarenta y diez, en los que se nos presentaba como un ángel con alas negras. En aquellos años miraba hacia el futuro y, casi proféticamente, barruntaba un fin de fiesta al que se resistía a llegar con todas sus fuerzas. Era como echarse las manos a la cabeza pensando en que su juventud tocaba a su fin (él mismo afirma que la estiró hasta los 50). Ahora hace el viaje cronológicamente inverso y llegados a este punto las manos en la cabeza son para cantar a los cuatro vientos: "¡Sigo vivo, carajo!". 
"Superviviente, sí, ¡maldita sea!,
nunca me cansaré de celebrarlo,
antes de que destruya la marea
las huellas de mis lágrimas de mármol,
si me tocó bailar con la más fea,
viví para cantarlo."
Todos los superhéroes tienen su punto débil, y en el caso de Joaquín su kriptonita particular tiene nombre "Ictus", y si me apuran apellidos, "Nube negra". Cuando una debilidad es tan notoria, se le teme y respeta a partes iguales. No es casualidad por tanto, que Sabina le haya reservado un espacio tanto en estas lágrimas de mármol como en aquella negación a la totalidad. 

"Dejé de hacerle selfies a mi ombligo,
cuando el ictus lanzó su globo sonda,
me duele más la muerte de un amigo
que la que a mí me ronda."

No han sido pocos "los entendidos" que le auguraron una muerte cercana, aplicando la lógica aplastante de sus malos vicios. Pero a esa lógica ha ido escapando sucesivamente la mala salud de hierro
del ubetense.  Cierto es que Joaquín tampoco tenía prisa por reunirse con su amigo Satán, y cambió significativamente la ruta que lo acercaba al infierno por atajos. Como contrapartida a haberla esquivado, ha sido testigo de como varios de sus amigos han tomado ese viaje de "sólo ida". Para ellos no puede tener mayor homenaje que los versos donde asegura dolerle más su pérdida que la propia.
 "Con la imaginación, cuando se atreve,
sigo mordiendo manzanas amargas
pero el futuro es cada vez más breve
y la resaca, larga."
 A pesar de que la lógica del calendario nos lleva a creernos que cada gira será la última, Joaquín mira de reojo a los Rolling Stones y parece decidido a seguir dando batalla. Decía que "Lágrimas de Mármol" se podía dar la mano con "A mis cuarenta y diez", a ello sumo que la presencia de Leiva como productor también se da la mano con la de Alejo Stivel en su momento.
"Acabaré como una puta vieja,
hablando con mis gatos"
Los gatos tienen un papel nada desdeñable en el universo sabinero, basta con echar un vistazo a los dibujos que publicó bajo el nombre de Garagatos. Hay un felino que tiene especial protagonismo, y que fue bautizado con el nombre del Rey (si sus apuestas estaban entre Juan Carlos o Felipe, olvídense, el rey es Elvis). 


Por último, hay que poner en valor también la calidad del videoclip que acompaña a la canción. Un vídeo muy original que se sirve de la ciudad de Madrid para sobre impresionar la letra de la canción. Una visita musical por la ciudad invivible pero insustituible que acogió al niño de provincias hace varias décadas ya. Seguramente reconozcáis muchos lugares de la ciudad en el vídeo, yo me quedo con el minuto 2:07 (en los azulejos de ese bar de Madrid se lee "Vinos de Valdepeñas"). 
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