Vaya semana

A pesar de que Joaquín Sabina se encuentra guardando reposo absoluto debido a un problema de salud intestinal, no ha faltado a su cita semanal con el diario Público y ha publicado sus versos. Como no podía ser de otra forma, los protagonistas de ellos son las manifestaciones del 15M con sus respectivas acampadas en las plazas de este país. Aunque no ha podido estar físicamente en la Puerta del Sol, su madrileña Puerta del Sol; si que lo está en espíritu y apoya a este movimiento.


"Kilómetro cero en llamas:
ni tan despolitizados
ni perroflautas drogados
como el Tea Party los llama.
Sin líderes ni programa
no tienen otro pecado 
que el venial de haber tardado.
Aquí no se canta un gol,
viva la Puerta del Sol
insomne contra el mercado".

Lo primero que haces es poner los puntos sobre las íes acerca del tipo de gente que ha conformado este movimiento. Desde algunos sitios se ha intentado desprestigiarlos llamándolos "perroflautas", y han intentado ver como objetivo de su movilización el botellón y los porros. Afortunadamente, cada día que ha pasado les ha servido para desmontar esa farsa y dar un ejemplo de civismo y educación. El único pero que les pone es que esto haya tardado tanto tiempo en surgir, es lo que tienen los brotes espontáneos de la gente son tan maravillosos como impredecibles. Parecía que en este país sólo llenábamos las plazas para celebrar algún título futbolístico, y era el único capaz de poner a la variopinta geografía española de acuerdo en algo. Esta semana se ha demostrado que no, que hemos madurado.

"Ni la falla estructural
ni la fuerza del destino
convierten el agua en vino
ni el más bien en menos mal".

La impaciencia unida al hecho de estar acostumbrados a escuchar promesas increíblemente atractivas pero que se rompen con una facilidad pasmosa, ha hecho que se esperase que esto tuviera un efecto inmediato y contundente. No es el caso, y no es el caso porque lo se propone es cambiar las reglas del juego y modificar vicios adquiridos tanto por la sociedad como por la clase política. Eso lleva tiempo y requiere de seriedad y rigor, lo importante es que la semilla ya se ha plantado. Ahora nos falta regarla y cuidarla con esmero y responsabilidad.

"El cielo municipal
cae sobre el pobre vecino
que maldice al adivino
del futurible imperfecto;
que paguen los arquitectos
el terremoto lorquino."

Haciendo referencia al desastre ocurrido en Lorca, se pone de manifiesto una cosa: siempre son los mismos los que tienen las de perder. Cada cuatro años hay un balcón en la capital madrileña que salta de júbilo y emoción, y de eso se hace eco todo el mundo. Pero durante el periodo intermedio, hay muchos otros balcones en los que no sobra la alegría precisamente. Los políticos se acuerdan de querernos cada cuatro años, pero se olvidan de que nosotros necesitamos que nos quieran durante, y no cada, cuatro años. 

"El caso es que Miterrand,
el bígamo presidente,
representaba a la gente
con más grandeur que Strauss-Kahn.
Unos vienen y otros van
breando al contribuyente
con ajustes indecentes;
ni inquisición ni incensiario
pero el fondo monetario
poco tiene de inocente."

Para culminar sus versos, Sabina tienen algunas palabras para el reciente escándalo del presidente del FMI. Casualidad o no, cada vez son más frecuentes este tipo de turbios asuntos que salpican a los que llevan las riendas de este tinglado. Este es uno de los motivos más poderosos de este tipo de "revueltas pacíficas" que hemos contemplado en las plazas patrias. Es un paso muy importante, para dejar claro que no somos un rebaño y que si se siguen pasando de la raya no estamos dispuestos a comulgar con ruedas de molino. 

Acerca de este tema me he hecho eco en mi otro blog "El Bazar de Saavedra" con estas entradas:

Sabina y CIA XV

Tras los recientes conciertos que Sabina ha dado en México, creo que es el momento idóneo para compartir la cancíon más mexicana de Joaquín versionada con la cantante española más mexicanizada de todas. Evidentemente estoy hablando de "Y nos dieron las diez" y de Rocío Dúrcal.

Una artista que siempre ha estado bien rodeada de mariachis, y una canción a la que ese acompañamiento le queda de lujo. La historia que cuenta "Y nos dieron las diez" cobra más fuerza cuando se canta al alimón entre un hombre y una mujer; y eso ocurre en esta versión de Joaquín y Rocío. Dos artistas que nacieron en España pero cuyo éxito no tiene nada que envidiarle al alcanzado en el país azteca. 

Nunca sabremos cual fue el pueblo con mar en el que se inspiró Sabina, pero al igual que hizo Cervantes con ese lugar de la Mancha, es mejor dejarlo a la imaginación del que escucha y lee el cuento. 


Que se llama Soledad

“Algunas veces vuelo
y otras veces
me arrastro demasiado a ras del suelo.”
Si la vida de por sí ya es una montaña rusa, en la que constantemente nos enfrentamos a grandes subidones y a tremendos bajones, a momentos en los que todo pasa a mil por hora y otros en los que el reloj parece aletargarse; cuando entramos de lleno en el mundo de los sentimientos todo eso se eleva a la enésima potencia. El comienzo de la canción viene a poner sobre la mesa todo eso, la inestabilidad a la que nos vemos expuestos con demasiada frecuencia. Porque hay días en los que parece que todo pinta bien, que tienes el asunto bajo control, que incluso puedes marcar los tiempos a tu antojo; pero luego de repente todo se te escurre de las manos igual que una pastilla de jabón mojada.
“Algunas madrugadas me desvelo
y ando como un gato en celo
patrullando la ciudad
en busca de una gatita,
a esa hora maldita
en que los bares a punto están de cerrar,
cuando el alma necesita
un cuerpo que acariciar.”
Otra constante que nunca podemos quitarnos del medio de tan compleja ecuación, es que cuanto más queremos conseguir algo más complicaciones aparecen. Solamente se fijan en nuestro taxi particular cuando el cartel indica “Ocupado”, pasando totalmente desapercibidos cuando el letrero nos grita “Libre”.
“Algunas veces vivo
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo;
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo
que te arañe el corazón.”
Cuando Sabina dice “algunas veces vivo, y otras veces la vida se me va con lo que escribo” está resumiendo de una forma magistral a la vez que aunando su vida personal con su vida artística (aunque creo que es complicado separarlas). No solamente se le va la vida a él con lo que escribe, también consigue que se nos vaya la vida a muchos con lo que escuchamos y leemos. Cuantas veces no sabemos expresar lo que sentimos en un momento dado, y echamos mano de una de sus letras; porque resume a la perfección lo que nos pasa por la cabeza. Deberíamos estarle eternamente agradecidos por habernos hecho la dura tarea (imposible para muchos), de encontrar algún adjetivo inspirado y posesivo que arañe el corazón de alguien.
“Luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella…, al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
sólo quiero regalarte una canción.”
En demasiadas ocasiones nos pensamos mucho decir las cosas, nunca encontramos el momento adecuado, siempre pensamos que habrá una mejor ocasión; pero pocas veces caemos en la cuenta de puede que lleguemos tarde. Hay algunos que son náufragos reincidentes de esos mares de incomprensión en los que únicamente hay islas, o más bien peñones, desiertas. Atendiendo no se muy bien a qué razones, no es extraño que las buenas intenciones se confundan con malas artes; que cuando alguien nos tiende la mano mal pensamos que acto seguido nos tirará al suelo, que confundamos un regalo con un chantaje.
“Algunas veces gano
y otras veces
pongo un circo y me crecen los enanos.
Algunas veces doy con un gusano
en la fruta del manzano
prohibido del padre Adán”
Dicen que un optimista es un pesimista mal informado. Lo cierto es que hay circunstancias en las que se complica la tarea de pensar que te va a salir cara en la moneda, y acabas por asumir que te la dieron con dos cruces. También es frustrante ver como sólo son tus enanos los que crecen. Eso sí, las veces que se gana se aprecian, se valoran y se disfrutan mucho más.

“o duermo y dejo la puerta
de mi habitación abierta
por si acaso se te ocurre regresar;
más raro fue aquel verano
que no paró de nevar.”
Siempre es bueno dejar la puerta abierta, o al menos entornada, de lo contrario será complicado que alguien adivine tu presencia e intente entrar. Hay que quitarse de la cabeza eso de “lo que no puede ser, no puede ser…y además es imposible”. Si malo es fracasar, peor es no intentarlo. Si dolorosa es una caída, más hiriente es negarse a volverse a levantar. La historia está llena de imposibles que luego resultaron no serlo tanto. Si las rarezas se aliaron alguna vez en tu contra, por qué no van a hacerlo a tu favor alguna vez.
“Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad.”
Esa amante inoportuna llamada Soledad a todos nos ha acompañado alguna vez. Hay ocasiones en las que incluso la buscas y agradeces su presencia, pero hay otras en las que necesitas cambiarla por otra más oportuna, menos común, más especial. Canciones como estas hacen las veces de diván, son el psicoanalista perfecto, ese hombro lunar donde apoyar la cabeza cuando no para de dar vueltas. “Que se llama Soledad” pertenece a ese grupo de canciones inmortales, que por mucho que pasen los años siguen cantando verdades, contando historias tan anónimas como comunes. 

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