Los Joaquín Pamplina

Ya queda menos para que llegue el Carnaval, aunque por las fechas que vamos en muchos años ya hubiera pasado por completo, este año el calendario ha sido caprichoso y nos lo ha colocado en Marzo. A e pesar de esto, hay muchos lugares en los que ya huele a confetti y se oyen los primeros ecos de las comparsas y chirigotas. El lugar por excelencia de España donde esto sucede es Cádiz, donde las fiestas en honor a Don Carnal son poco menos que una religión. 

Como cada año, en el teatro Falla se suceden las comparsas, chirigotas, coros y cuartetos que con arte y su gracia inigualable nos divierten enormemente. Este año, hay una chirigota muy especial, sobre todo para los Sabineros, ya que bajo el nombre de “Los Joaquín Pamplina” este grupo gaditano se ha disfrazado como el flaco en sus conciertos. Ya lo ha comentado Joaquín en varias entrevistas, que lo del bombín y el bastón formaban parte de su “personaje”. 

Ataviados con todo lujo de detalles Sabineros: bombín, pantalones de rayas, chaqueta del chaqué… ¡hasta un cenicero llevan encima del bombín!, estos “cantautores de la plaza mina” (es así como se denominan) también deleitan a la gente con su música y con sus letras. En una de sus intervenciones se referían a todas las agrupaciones como los “cantautores de Cádiz”. Razón no les falta, hacen un trabajo digno de elogio, ya que son capaces de narrar todo tipo de acontecimientos con alegría y buen humor, cosa que es bastante complicada. 

Los grandes aficionados al Carnaval admiramos muchísimo todo este trabajo, sobre todo teniendo en cuenta el enorme esfuerzo que eso conlleva. Os pongo un vídeo donde se ve la presentación de esta agrupación, pero desde ya os recomiendo que veáis más, tanto de ellos como del resto de agrupaciones. 

El Carnaval es una tradición que no está arraigada de igual manera en según que puntos de España. De tal forma que para aquellos que no lo conozcan, les invito a que se adentren en este mundo mágico. Ahora que están tan de moda las terapias, los psiquiatras, los antidepresivos…el Carnaval es la mejor medicina para todo eso. Olvidarse por unos días de los problemas, de quien eres, del qué dirán y salir a la calle convertido en lo que tú quieras y darle rienda suelta a tu imaginación, es algo que no siempre podemos hacer. Todavía quedan dos semanas para que llegue esa semana mágica, así que pónganse cómodos, disfruten y vayan pensando en el disfraz que se van a poner este año. 

Su primo El Nano IV: Barquito de papel

En la inmensa discografía de Serrat, si hiciéramos una clasificación de todas sus canciones, habría un extenso grupo en las que la nostalgia y la niñez son el leitmotiv principal. Además, si a esto le unimos el sello tan característico que El Nano le imprime a todas sus canciones; tenemos auténticas joyas en las que es difícil no echar la vista atrás. Barquito de papel es una de esas canciones, un tema muy sencillo, tan sencillo como la época de la vida que pretende retratar. También la melodía que la acompaña hace por donde para transportarnos a esa época de babis y dibujos animados.
“Barquito de papel,
sin nombre, sin patrón
y sin bandera,
navegando sin timón
donde la corriente quiera.”
El barquito de papel es el símil perfecto para hacer referencia a nuestra infancia. Algo tan pequeño, tan endeble y tan insignificante como un barco hecho de papel, no tiene para nosotros valor alguno ahora mismo. Sin embargo, cuando éramos pequeños era algo maravilloso, y cuando tu padre o tu abuelo te hacía uno eras el niño más feliz del mundo. Es una tónica constante eso de añorar siempre lo que no se tiene, justo ahora nos acordamos de lo bien que estábamos en esos años. Vivir sin patrón, sin bandera, sin obligaciones, pensando solamente en salir a jugar a la calle. Pero claro, lo que no decimos es cuanto ansiábamos cumplir años y hacernos mayores. Lo de navegar sin timón, dejándonos llevar por la corriente es algo que seguimos haciéndolo de adultos. Aunque no nos demos cuenta, en muchas ocasiones no somos dueños de nuestro propio timón y es la corriente la que nos empuja, muchas veces en contra de nuestra voluntad.
“Aventurero audaz,
jinete de papel
cuadriculado,
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.”
Aquí tenemos una de las joyitas de esta canción, la descripción que hace del niño calificándolo como “jinete de papel cuadriculado” es simplemente espléndida. Cuantas hojas de cuadritos habremos rellenado en nuestro pupitre, y como de doloroso era dar el salto al folio en blanco; donde nos sentíamos como un trapecista sin red, escribiendo sin ninguna línea que nos sirviera de guía. Esa mano sin pasado, que rellenaba cuadernos de rubio y hacía caligrafías para conseguir la letra más redondeada posible. Con el paso del tiempo, esas mismas manos se van llenando de historias que contar.
“Barquito de papel,
en qué extraño arenal
han varado
tu sonrisa y mi pasado,
vestidos de colegial.”
Supongo que con todos los recuerdos pasa lo mismo, siempre se tiende a exagerar (tanto lo bueno como lo malo); y en el caso de la infancia, normalmente se recuerda como uno de los periodos más felices. Quizá el inconformismo sea el culpable, ya que éste se manifiesta de varias maneras. Por un lado, esperando conseguir en un futuro más o menos lejano algo más y mejor de lo que tenemos. Por el otro, añorando volver a reverdecer viejos laureles o revivir experiencias pasadas.
“Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento,
era una sonrisa a tiempo,
fugándose feliz
de país en país,
entre la escuela y mi casa,
después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.”
La vida poco a poco se va convirtiendo en una constante lucha por ir salvando los diferentes obstáculos que se nos presentan, y que por lo general aumentan de manera inversamente proporcional a nuestras fuerzas. Quizá por eso, sea ahora cuando más se acuerda uno de que navegar era jugar con el viento, porque con eso ya no vale, ahora para navegar hay que remar y remar y remar… El tiempo pasa inexorablemente, y como dice Serrat, poco a poco nos vamos olvidando de aquel barquito de papel que lo era todo para nosotros. Hoy, todo nunca es suficiente. Canciones como estas siempre vienen bien para despejar un poco nuestra mente de todos los asuntos urgentes y súper importantes, y acordarnos de ese barquito de papel en el que nos sentíamos los reyes del mundo. 

Sabina y CIA XII

Hasta hace unos años, la voz rota de Sabina tenía siempre su contrapunto perfecto en la dulce de Olga Román. Tanto en los conciertos como en los discos, Olguita siempre estaba endulzando las magníficas letras del maestro. En la memoria de todos los sabineros quedará su interpretación de Y sin embargo te quiero, que servía de preámbulo para "Y sin embargo"; o las geniales actuaciones que se marcaban los dos interpretando (en el más amplio sentido de la palabra) "Una canció para la Magdalena".

Como ya os digo, esto era hace unos años, ya que Olga decidió embarcarse en un proyecto en solitario. Hoy os hablo de ella, porque hace unos días salía al mercado su tercer álbum bajo el título de "Seguir caminando". En ese caminar se ha buscado un ilustre compañero de viaje con bombín. Joaquín Sabina participa en este disco cantando a dúo una canción donde nos cuentan la historia de "Margarita".

Se trata de una canción con un ritmo suave pero pegadizo, y es de esas canciones que nos va contando historias anónimas, pero a las que todos le podemos poner nombre y apellidos en un momento dado. Os pongo el enlace al myspace de Olga Román para que la podáis escuchar. Además aprovecho para recomendaros nuevamente la página web de referencia para todos los Sabineros: www.joaquinsabina.net . Un servidor, la visita asiduamente porque es la mayor fuente de noticias y la más fiable de contenidos del flaco. De hecho, esta noticia la descubrí gracias a su web.


Buscar más artistas como Olga Roman en Myspace Music

Donde habita el olvido

El disco de 19 días y 500 noches es uno de los discos más aclamados por el público y la crítica de Joaquín Sabina. Llegando hasta el punto de afirmar, que desde entonces no ha vuelto a escribir otro que lo iguale en calidad. Quizá eso sea aventurarse demasiado, y sea demasiado frívolo afirmarlo tan a la ligera. En lo que no hay discusión, es en la calidad superlativa de ese disco. Lo cierto es que supuso un cambio bastante importante en la carrera musical, a mi parecer, fue aquí cuando la voz se le rompió del todo. Esto se puede comprobar fácilmente comparándolo con su inmediato predecesor “Yo, mi, me, conmigo”.

Como habréis podido adivinar, con esta comienzo de la entrada, voy a comentar una canción de ese magnífico disco: “Donde habita el olvido”. Un título muy poético para un autor que no lo es menos. Entra de lleno en ese terreno tan sabiniano como es el desamor, pero en esta ocasión en un punto más cruel todavía; el desamor inmediatamente después del amor, o lo que creíamos que era amor.
“Cuando se despertó,
no recordaba nada
de la noche anterior,
“demasiadas cervezas”,
dijo, al ver mi cabeza,
al lado de la suya, en la almohada…
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer,
sino mañana.
Y un insolente sol,
como un ladrón, entró
por la ventana.”
Ahora que está de moda decir que no se cree en el amor, que estamos mejor solos, que no necesitamos a nadie; parece que los flechazos hubieran pasado de moda. El comienzo de la canción muestra de una manera muy gráfica y muy concisa, esa sensación incómoda del día siguiente. Parece que ese insolente sol que se se mete por la ventana, nos ciega de tal forma, que lo único que adivinamos a pensar es cómo marcharnos de “la escena del crimen” sin dejar rastro. Pasar del blanco al negro, algo que algunas veces es muy complejo, resulta pasmosamente fácil en estas situaciones. Mucha gente ha hecho de esto un arte, y no se comen la cabeza más de lo estrictamente necesario. El problema viene cuando uno de los dos no se resigna a dejar de pasar la ocasión de intentar algo más.
“El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Era la hora de huir
y se fue, sin decir:
“llámame un día”.
Desde el balcón, la vi
perderse, en el trajín
de la Gran Vía.”
En una frase Sabina consigue describir a la perfección esa situación tan opuesta, esos contrarios que tanto le gustan a él (como el vinagre y las rosas). “Desnudos, pero extraños”. Verdaderamente asombroso resulta ver como dos extraños llegan a verse en la situación de estar desnudos, uno delante del otro. Se supone que hay que alcanzar cierta complicidad para llegar hasta tal punto, también se pueden desnudar los sentimientos, y luego ser incapaces de darle continuidad a eso. Parece que corren malos tiempos para los románticos.
“La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos
miopes
y la sangre al galope
por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir:
“te necesito”.”
También está el caso de perder esa oportunidad por ocultar nuestros sentimientos lo máximo posible, atendiendo a no se muy bien qué tipo de ataque de orgullo. Hemos llegado a un punto en el que decir “te quiero” es lo menos acertado. El miedo al compromiso se ha convertido en pánico, o lo que es peor, en enfermedad crónica. Desgraciadamente, tarde o temprano llegan los tan temidos remordimientos y la conciencia empieza a llamar a tu puerta (por muy blindada que la tengas). Es en esos momentos, cuando empiezas a echar cuentas de todos los besos que has perdido por no decir la maldita frase. Por mucho que pensemos que estas “rachas de amor sin apetito” son más que suficientes, lo cierto y verdad es que no. Pasa lo mismo que con la cerveza sin alcohol, la coca cola zero… en un momento dado pueden cumplir su cometido; pero nunca nos podrán dar lo que las “auténticas”.
“Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.”
La cruda realidad, es que después de todo esto, la vida sigue su curso. Aunque, como diga Sabina, cada vez tenga menos sentido. Indirectamente, ese sentido se va perdiendo por culpa nuestra. Quizá sea por dejadez, o peor aún, por orgullo; por lo que vamos dejando de pasar oportunidades de oro. Como siempre, cuando queremos enmendarlo es demasiado tarde y sólo queda tiempo para el lamento. Pero Sabina muestra aquí ese orgullo del que os hablaba elevado a la máxima potencia, cuando dice que fue un amigo común el que le habló de ella. Es revelador comprobar como de puertas para fuera actuamos de una manera, aunque por dentro estemos pensando justamente lo contrario. 

Hay cosas que no se pueden borrar nunca de la memoria, y de vez en cuando florecen para recordarnos lo torpes que fuimos. Aunque muchas veces, de forma involuntaria, nos empeñemos en meter cada vez más gente en nuestro barrio particular del olvido; de vez en cuando toman el metro y se plantan delante de nuestras narices. Quizá para hacernos reflexionar, o peor aún, para que comprobemos que los que habitamos en el olvido somos nosotros. 

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