Ruido

Muchas canciones y muchos discos se caracterizan por tener títulos muy largos, pero que no terminan de definir con claridad el sentido (suponiendo que tenga alguno) de la misma. Yo tengo una teoría, las mejores canciones de los grandes artistas suelen tener títulos cortos (Princesa de Sabina, Mediterráneo de Serrat, Sevilla de Miguel Bosé…). La brillantez muchas veces reside en la sencillez de las cosas, si dedicas mucho tiempo a recargar algo es que su interior es muy escaso y no merece mucho la pena. 

Ruido, eso es lo que quiere transmitir la canción, el ruido que provocan ciertas relaciones. Por eso mismo, te martillea con esa palabra, ruido, ruido, ruido. Da igual la naturaleza del mismo, el efecto es muy similar siempre, y las consecuencias aún más.

“Ella le pidió que la llevara al fin de mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.”
Hay veces en las que desde un principio se puede pronosticar que el resultado final de una relación no será muy satisfactorio. Es el extraño mundo de los presentimientos, las sensaciones, la intuición. No sólo pasa entre los dos implicados, generalmente estos son los últimos en darse cuenta. Principalmente son quienes les rodean, y realmente conocen, los que tienen este tipo de sensaciones. No estoy hablando de los típicos ventajistas, que a toro pasado dicen "no, si yo ya lo veía venir". Hablo de los que en un principio no se entusiasmaron demasiado, poco después sufrieron con el ruido de las discusiones y finalmente respiraron con la ruptura.
“Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cuenta del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.”
Al principio siempre se tienen expectativas, y es aquí donde puede comenzar el ruido, cuando empiezas a ver que no se cumplen y no hay visos de mejora. A veces se espera más de lo que te pueden dar, y otras veces se da menos de lo que cabría esperar. Cuando esto sucede, es el principio del fin, cada vez se valora menos lo recibido y aparecen los reproches, las decepciones y…el ruido.
“Hubo un accidente, se perdieron las postales,
quiso Carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
son el mismo repetido
y con tanto ruido
no escucharon el final.”
Dicen que cada persona es un mundo, y que todos somos muy diferentes unos de otros. Entonces, ¿por qué siempre se repite la misma secuencia en casi todas las relaciones?, ¿por qué llega un punto en el que no te sorprende casi nada?, ¿por qué nos empeñamos en alargar innecesariamente situaciones en las que el protagonista único es el ruido? ¿por qué somos tan prácticos para algunas cosas y tan absurdos para otras?.
“Descubrieron que los besos no sabían a nada,
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
se apagaron los latidos,
y con tanto ruido
no se oyó el ruido del mar.”
Siempre se llega a ese punto en el que de golpe y porrazo te das cuenta de todo, descubres que durante mucho tiempo has estado luchando por mantener algo que ni siquiera querías. Las reconciliaciones después de una pelea dejan de ser efectivas cuando se convierten en rutina, en un paso más de una secuencia demasiado usada.
“Mucho, mucho ruido,
ruido de tijeras,
ruido de escaleras
que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final
la soledad.”

Como podéis ver, el ruido es lo que mejor representa toda esta situación. Es el denominador común de todas las discusiones. El ruido es algo molesto para todo el mundo que se encuentra cerca de él. Cuando alguien hace ruido, al poco rato nota las secuelas, se arrepiente inmediatamente de haber recurrido a él; pero, llegado el momento volverá a recurrir a lo mismo.
Estamos acostumbrados a que quien vocea más es el que lleva la razón, el que se cabrea más es quien más importancia le da a las cosas… Si no se hace así, rápidamente te acusarán de no darle importancia a nada, ser profundamente indiferente a todo o incluso carecer de sentimientos. Quizá el ruido sea algo tan intrínseco en nuestra vida, que al primero que intenta evitarlo lo máximo posible se le tacha de bicho raro.

En el final de la canción podemos escuchar constantemente ruido de… ruido de… ¿Tanto, tanto ruido? ¿Y para qué? ¿Qué conseguimos con todo esto? ¿Dónde llegamos al final?. Sabina responde: “La soledad”.

Sabina Versionado VII

Hoy como protagonistas de esta nueva entrega de la sección “Sabina Versionado” tenemos a un grupo muy especial. Es de esos conjuntos muy conocidos pero muy poco famosos; me explico, una gran cantidad de personas conocen su música  a pesar de no estar constantemente sonando en radios y televisiones.


Estoy hablando de La Fuga, un grupo que tiene la enorme virtud de que sus canciones puedan ser compañeras de repertorio de cualquier hit de discoteca. De hecho, casi todas las orquestas que tocan en las fiestas incluyen alguna de sus canciones en el repertorio, especialmente la de “Buscando en la basura”.

Eso mismo me ocurría a mí, conocía unas cuantas de sus canciones más emblemáticas pero no conocía al grupo en sí. Hace un tiempo ya que me detuve a escucharlos más en detalle, y cuál fue mi sorpresa que al escuchar uno de sus discos empezó a sonar una canción que conocía muy pero que muy bien. Al cuarto acorde ya la tenía totalmente identificada, se trataba de una de las privilegiadas canciones que conforma el cuasi-perfecto disco 19 días y 500 noches. Se trata de “Donde habita el olvido”.

Retomando el hilo de la canción mencionada anteriormente, “Buscando en la basura”, me gustaría anotar un par de detalles. Cuando hablo de Sabina como un maestro para muchos artistas no lo hago para añadir otro elogio más a la lista, lo hago con ciertos argumentos. Si os fijáis detenidamente, se ve claramente la influencia de “Así estoy yo sin ti” en su letra. Vaya por delante, que son canciones totalmente independientes, pero si que comparten un cierto aroma y un indudable éxito entre la gente.

Resulta asombroso ver la gran compatibilidad que tienen las canciones de Sabina con una enorme cantidad de grupos, cantantes, voces, estilos de tipos muy diversos. Esto tiene su reflejo también en la gran biodiversidad que existe en el mundo de los Sabineros. Personas que serían incapaces de compartir mesa ni de cruzarse más de media palabra,  pero que no tienen ningún problema en vibrar y saltar juntos en uno de sus conciertos.

Mi primo El Nano

Decir Sabina nos lleva inmediatamente a pensar en Serrat, y viceversa. Siempre ha habido un vínculo especial entre ambos, tan distintos y tan iguales a la vez, acentuado en los últimos años con esa espectacular gira conjunta que hicieron. En un mundo con tanta competencia como el musical, donde las polémicas están a la orden del día y las separaciones son demasiado comunes; es de agradecer que haya honrosas excepciones que demuestren una verdadera amistad. 

Aunque ya he tenido varias referencias hacia Serrat en el blog, creo que ahora es el momento idóneo para hablar de él con más detenimiento. Como diría Sabina, estamos ante tiempos de Vinagre y Rosas. Por un lado, exultantes por su nuevo disco donde vuelve a cantar a Miguel Hernández como él sólo sabe, y por otro,  preocupados por su estado de salud ya que acaba de ser intervenido de urgencia por un nódulo en el pulmón.
“Tengo yo un primo que es todo un maestro
de lo mío, de lo tuyo, de lo nuestro;
un lujo para el alma y el oído,
un modo de vengarse del olvido.”
Seguro que llegará un día en el que Serrat sea estudiado en los colegios y venga en los libros de literatura. La mejor forma de transmitir la poesía al gran público es agarrar una guitarra y cantarla con el mismo o mayor sentimiento que recitándola. Es una forma de acercar al gran público esas exquisiteces literarias a las que quizá mucho no se acercarían por iniciativa propia. El primer paso es conseguir que las canten para que poco después sean ellos mismos los que se paren a leer las letras y descubrir toda su fuerza. Yo soy de la opinión de que una buena canción es aquella que te sigue poniendo los pelos de punta aunque le quites la música y dejes la letra desnuda. Serrat es todo un maestro porque ha conseguido eso con creces.
“Viene del Poble Sec ese atorrante
universal, charnego y trashumante,
que saca, cuando menos te lo esperas,
palomas de la paz de su chistera.”
Un artista se gana a su público, aparte de por sus discos, principalmente en sus conciertos. Serrat consigue hacer de ellos una cita privada con miles de personas, en las que no se limita a cantar un buen repertorio sino que simpatiza con el público y hace que se sientan como en su casa. Eso no es fácil de conseguir, muchos otros necesitan de una puesta en escena espectacular, un escenario poblado de bailarines que los engrandezcan y una alarmante falta de espontaneidad micrófono en mano y fuera de guión. Sacarse siempre algo nuevo de la chistera es lo que te da la longevidad en el mundo del espectáculo.
“Y, cuando canta,
le tiembla el corazón en la garganta.
Harto ya de estar harto de las fronteras
va pidiendo escaleras para subir
de tu falda a tu blusa, toca madera:
tendría que estar prohibido un fulano así.”
La forma tan peculiar que tiene Serrat de cantar hace que sus canciones sean únicas, personales e intransferibles. Es por eso que siempre resulta un reto muy complicado para cualquier artista ponerse a cantar alguna de ellas. Transmitir esa sensación, hacerlas tan propias como hace él es una tarea harto complicada. Aquí Joaquín hace referencia a algunas de sus canciones más célebres, pero siguen faltando muchas. Pienso que un artista se convierte en algo más cuando es imposible hacer un disco recopilatorio de él, sin que se echen en falta varias de sus canciones.
“Detrás esta la gente que necesita
su música bendita más que comer
y el siglo que deshoja su margarita.
Yo, de joven, quisiera ser como él.”
Mucha gente se gasta el dinero de manera alarmante yendo a todo tipo de terapias, de dudosa efectividad. Creo que una de las mejores formas de reflexionar sobre infinidad de aspectos de la vida es ponerse alguna de sus canciones. Tienen un efecto doblemente beneficioso, por un lado te evades del mundo ya que el poder de la música entra en escena y por el otro empiezas a reflexionar sobre todo aquello que te va cantando, o mejor dicho, susurrando al oído. Serrat y su música no entienden de edades, sexos, ideologías…entre sus grupo de seguidores están reflejadas personas tan diferentes que resulta asombroso ver que tienen algo en común.
“Tengo yo un primo que es primo de todos
cada cual a su forma y a su modo;
loco hidalgo con yelmo de Mambrino
que no teme a gigantes ni a molinos
y cuando gana
el Barça cree que hay Dios y es azulgrana.”
Este loco hidalgo como dice Joaquín, ha conseguido algo que es de elogiar, evocar simpatía con casi todo el mundo. Siendo, como es, fiel a sus ideas, sin temer a ningún tipo de gigante. Estoy seguro que hasta el anti-catalán más radical se emociona al escucharlo cantar “Paraules d’amor”; y el madridista más profundo de todos (aquí levanto yo la mano) se conmueve cuando lo ve cantar el himno del Barça.
“Qué poca seriedad, qué mal ejemplo
para los mercaderes de los templos
ese alquimista de las emociones
que cura las heridas con canciones”
Tener una canción para cada momento, para cada emoción y para cada situación; es lo que convierte a un artista grande en imprescindible. Por eso mismo, es de justicia que alguien que ha curado a tantas personas con su música, reciba el mejor tratamiento posible y esté pronto encima de los escenarios.
“Mi primo el Nano,
que no me toca nada y es mi hermano.”

El joven aprendiz de pintor

Una de las cosas que más me gusta de Sabina es la capacidad que tiene de retratar a personas anónimas, darles protagonismo absoluto dentro de alguna canción y conseguir que seamos capaces de ponerles rostro una vez escuchada. No es algo nuevo, ni muchísimo menos, de hecho esta canción la podemos escuchar desde los tiempos en los que actuaba escoltado por los Viceversa. El fondo de esta canción es poner sobre la mesa las diferentes actitudes de diversas personas, antes y después del éxito. Resulta asombrosa la clarividencia que tuvo en su momento, ya que apenas había llegado a la primera plana musical, para darse cuenta de lo que le rodeaba, y lo que se le vendría encima.
“El joven aprendiz de pintor que ayer mismo,
juraba que mis cuadros eran su catecismo,
hoy, como ve que el público empieza a hacerme caso,
ya no dice que pinto tan bien como Picasso.”

“El torpe maletilla que hasta ayer afirmaba,
que con las banderillas nadie me aventajaba,
ahora que corto orejas y aplauden los del siete
ya no dice que cinto tan bien como Antoñete.”
El primer personaje que tenemos es el más cercano de todos, el que ha estado contigo desde el principio y ha visto tus inicios. Quizá por eso sea el primero al que consigues decepcionar, y en cierto modo te sientes en deuda con él. Cuando todo el mundo se sube al carro es cuando tienes que saber quien estaba antes de que empezase a rodar. También será el primero en darte palos, y eso no siempre se acepta, sobre todo cuando la gran mayoría te está tirando flores. Es la típica situación en la que se dice que alguien se ha endiosado y se ha olvidado de sus raíces. No obstante, cuando se produzca el ocaso será también el único que no dará la espantada.
“En cambio la vecina que jamás saludaba,
cada vez que el azar o el ascensor nos juntaba,
vino ayer a decirme que mi última novela
la excita más que todo Camilo José Cela.”
Continuamos con el que más me irrita a mí personalmente. No hace falta ser un cantante de éxito para experimentarlo. Son los llamados oportunistas, por tratarlos bien. Basta que tengas algo que ellos envidien, o simplemente se acercan a ti para tener una foto con la que fardar posteriormente (aunque no sepan ni como te llamas, a pesar de estar hartos de verte). Normalmente te sueles tragar todo lo que piensas de ellos, sonríes y a otra cosa mariposa. Pero hay otros que no, ante los cuales yo me quito el sombrero. Ahora mismo se me viene a la cabeza la figura de Fernando Alonso, un hombre exitoso a más no poder que no se ha dejado llevar por los aduladores de turno. Sí, eso no vende, te crea una mala imagen para los amantes de lo “políticamente correcto”, pero tu integridad como persona se mantiene intacta.
“¿Y qué decir del manager audaz y decidido
que no me recibió, que siempre estaba reunido?
Hoy, moviendo la cola, se acercó como un perro
a pedir que le diéramos vela en este entierro
Y yo le dije: no,
No, no, no, no, no, no
Ya está marchita
La margarita
Que en el pasado he deshojado yo.”
Estos también tienen tela, los "entendidos”, y desgraciadamente los que te pueden abrir mil puertas o darte un portazo en las narices con la primera que intentes abrir. Muchas veces se preocupan tanto de fabricar “el producto perfecto” (que diría Risto Mejide), que son incapaces de atender a aquellos artistas anónimos que sacan oro a base de trabajo, y sus sueños dependen de la voluntad del engominado de turno. Hoy en día hay muchísima animadversión hacia la SGAE y a los artistas que defienden sus derechos bajo dicha asociación. Sin embargo nadie se acuerda de que los porcentajes más altos de los contratos que firman van a manos de los que menos talento musical tienen de toda la industria.
“La propia Caballé que me negó sus favores,
La diva que pasaba tanto de cantautores
Llamó para decirme: “Estoy en deuda contigo,
mola más tu Madrid que el Aranjuez de Rodrigo.””
Este caso ya me pilla a mi más lejano, pero estoy seguro de que es bastante común. Los artistas consagrados, o al menos los que piensan que lo están, muchas veces no se paran en fijarse en los que están empezando. Hay honrosas excepciones en las que actúan como padrinos, pero los y las divas suelen ser mayoría. Lo más curioso de todo es cuando se da la vuelta a la tortilla, y son ellos los interesados en arrimarse a esos ilusos desconocidos que se han convertido en ídolos de masas. Es lo que se suele conocer como, tragarse el orgullo, y en casos más extremos, las palabras.
“¿Y qué decir del crítico que indignado me acusa
de jugar demasiado a la ruleta rusa?
Si no hubiera arriesgado tal vez me acusaría,
de quedarme colgado en calle Melancolía
Y eso sí que no,
No, no, no, no, no, no,
Ya está marchita
La margarita
Que en el pasado he deshojado yo.”
Respecto a los críticos musicales ya di mi opinión en una entrada, pero no está de más recordarlos un poquito. Si ya los managers se creen capaces de andar sobre las aguas, estos señores se sitúan por encima del bien y del mal, y se creen poseedores de la verdad absoluta. Muchas veces pienso que cobran por incentivos, y esos incentivos consisten en arrasar con todo lo que pasa por sus manos. No solo consideran que la perfección es un grado que jamás se puede otorgar, si no que alabar un producto puede ser interpretado como una bajada de pantalones. Conclusión, si hoy te critican por blanco, mañana lo harán por negro y pasado por gris.

Estoy seguro que después de muchos años en lo más alto, si Joaquín reescribiera esta canción descubriría nuevos personajes, pero la esencia sería la misma. Los tiempos cambian, pero las personas no.

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