Nacidos para perder

A día de hoy Joaquín Sabina es uno de los cantantes con más éxito en el panorama nacional e internacional, los números hablan por sí solos en este caso. Pero el camino a recorrer para alcanzar una posición tan alta es cualquier cosa menos sencillo. Puede ser más o menos rápido, según la suerte, la época o las virtudes de cada uno; y más o menos duradero. Nadie nace predestinado para ser una estrella, de hecho los que vienen avalados desde la cuna por sus apellidos, suelen ser más bien estrellas fugaces o directamente estrellados. En la actualidad, con los tiempos tan malos que corremos, resulta difícil pensar que se pueda conseguir prosperar fácilmente. Parece que estemos predestinados al fracaso, que hayamos "nacido para perder".
"Soy del color de tu porvenir
me dijo el hombre del traje gris
“no eres mi tipo” le conteste
y aquella tarde aprendí a correr."
Ante estas situaciones siempre tenemos dos opciones, dos caminos a tomar. Resignarnos a nuestra (mala) suerte, o intentar darle la vuelta a la tortilla aún a riesgo de quemarnos las manos en el intento. Si elegimos lo primero, no nos complicamos la vida, es mucho más fácil sentarse en la barra de un bar; y empezar a señalar con el dedo a todos los culpables de tu situación, o hacer elucubraciones sobre lo que podríamos ser y nunca seremos. Dicen que el cementerio está lleno de valientes, pero quizá sin ellos los cobardes estarían enterrados en vida.
"Al pisar la estación
le abrí la jaula a mi corazón.
Tras las montañas estaba el mar
la noche, el vértigo, la ciudad,
el mundo a cambio de una canción
me daba un plato, un beso, un colchón."
En el caso particular de Joaquín, nos muestra cómo se le abría ante sus ojos un nuevo mundo; algo que él hasta ese momento desconocía pero que en cierto modo esperaba que estuviese ahí. Cruzar esas montañas es una decisión harto complicada. Muchas veces nos pensamos que lo que ya hemos conseguido, lo que tenemos más cerca, lo que conocemos bien es lo mejor, o incluso lo único. Por lo tanto, ese paso conlleva varias etapas a completar. Primero, desengañarnos de que esto es lo que hay, y se acabó. Segundo, desterrar la idea de "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer".  El hombre es cómodo por naturaleza, y una vez que se habitúa a ciertas cosas, cualquier cambio le resulta una adversidad aunque a la postre sea para mejor.
Capítulo aparte merece la referencia que hace Joaquín en la frase "el mundo a cambio de una canción". Por norma general, todos tenemos una habilidad o destreza para realizar ciertas cosas cosas mejor que los demás. Gracias a eso podemos ganarnos medianamente bien la vida, pero muchas veces no se sabe con cual de ellas lo haremos. Seguramente no sorprenderíamos al ver la cantidad de artistas o de personajes muy conocidos por la sociedad, que comenzaron su vida laboral con unas metas o unos estudios muy diferentes. Todo el mundo tiene muchas plantas en su jardín particular de la virtud, conviene no dejar de regar ninguna de ellas, porque nunca se sabe cuál será la que te de mejores frutos.
"La única medalla que he ganado en la vida
era de hojalata y decepción.
No tenía salida el callejón del cuartel
para el desertor del batallón
de los nacidos para perder."
El reconocimiento público es algo digno de estudio, pero creo que sería un esfuerzo en balde. Algo que se rige con una métrica tan sumamente subjetiva, como es la preferencia y el gusto personal, es imposible de analizar científicamente. ¿Por qué ciertas profesiones tienen un reconocimiento mucho mayor que otras? ¿Por qué no se valoran equitativamente los esfuerzos de los distintas personas? ¿Quién decide si algo merece la pena o no?. Ganar ese tipo de medallas se convierte en un acto épico, y hay personas que se pasan la vida entera luchando por ellas sin recibir un ápice de atención por nadie. Y, por el contrario, ciertas medallas cada vez pierden más su valor, porque poco a poco se van casi regalando por méritos de dudosa valía.
"Prima del alma desnúdame
del traje gris, de la multitud,
devuélveme al camino del Sur
al país de la niñez
donde uno y uno sumaban tres."
Ante este panorama, donde hasta el más lanzado de todos termina por unirse al rebaño, lo más fácil sería quedarse en casa y esperar a que pase el temporal o aparezca el genio de la lámpara. Por eso, hay que hacer caso a Sabina cuando pide que le quiten el traje gris de la multitud. Bastantes cenizos tenemos ya, que por todos sitios nos van recordando insistentemente que esto es lo que hay. Respondámosle "no eres mi tipo", y aprendamos a correr, pero a correr hacia delante. Que la medalla de la valentía nos la podamos colgar nosotros mismos. El gris se puede obtener añadiéndole negro al blanco, pero es preferible hacerlo añadiéndole blanco al negro.

3 comentarios:

Natalia... dijo...

Excelente ecntrada. Creo haberte dicho que mi voto es esta categoría ha sido para tu blog por dos motivos: porque ilustras muy bien a Sabina y porque amo profundamente a ese gallego de voz maravillosa...
Besos desde Argentina!

Saavedra dijo...

¡Muchas gracias Natalia!
Por tu comentario, por tu voto y por compartir gustos musicales conmigo.
Me pasaré por tu blog y te comentaré.
Besos desde la Llanura Manchega!!

ESTRUCTURAS METALICAS dijo...

Creo que los hombres del traje gris son inspirados en el libro "Momo" Michael Ende

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