Especial entrada 100: Memorias de un concierto

Cuando comencé a escribir el blog no podía imaginarme que llegaría hasta las 100 entradas, de hecho no sabía muy bien ni que camino iba a seguir. 100 entradas y un año y medio después aquí estoy, haciendo coincidir este momento tan importante con otro que no le fuera a la zaga. Por eso he esperado unos días hasta que llegase el 2 de Septiembre, fecha que tenía marcada en rojo desde hace tiempo; porque tenía una cita con Sabina, más concretamente un concierto al que asistir. 



En este blog ya he comentado en más de una ocasión que la familia Sabinera es tan extensa, que en un concierto podemos encontrar personas que sería incapaces de tomarse un café juntas, pero que no tienen problema alguno en cantar al unísono “ahora es demasiado tarde princesa”. De hecho, minutos antes de comenzar el concierto mi padre se fijaba en la cantidad de gente joven que había allí, mientras que yo hacía lo propio con la gente mayor. Juntar a generaciones tan dispares tiene un mérito enorme, y garantiza también que la longevidad de la obra de un artista sea mucho mayor. 

Con puntualidad casi británica, algo que probablemente aprendió muy bien Sabina de su exilio en Inglaterra, cuando pasaban escasos minutos de las 10 de la noche el maestro aparecía en el escenario con un Tiramisú de limón para abrir boca. Pocos minutos antes, ya habían sonado los acordes de “Y nos dieron las diez” a modo de advertencia, para que el personal se fuera poniendo en posición,  y se colocasen bien los bombines ante lo que estaba por llegar. Justo en el momento en el que divisas la figura del flaco, notas como la euforia invade tu cuerpo y hace que te vengas arriba, muy arriba, de hecho te lleva en volandas con los acordes de su guitarra y las arrugas de su voz. 

Seguidamente con Viudita de Clicquot, nos recordó que aunque ya no importe la talla de sus Calvin Klein, con 60 sigue estando en plena forma y no hay escenario que se le resista. A partir de ese momento, ya comenzó a sacar lo mejor de su extenso repertorio. Después de varios años todo el mundo se moría de “ganas de” volver a ver al flaco en acción, y creo que todavía no nos hemos hecho a la idea de que esta será su última gira multitudinaria. Supongo que esperamos que sea como sus admirados toreros, y regrese a los ruedos después de anunciar la retirada. 

Demostró que cuando afirma que es “un poeta metido a cantante” no va de farol, ya que nos deleitó con varios de sus mejores versos. También agradeció que con la crisis que estaba cayendo, estuviéramos ahí una vez más, en ese caso el agradecimiento es mutuo. Y, de repente, justo en mitad del concierto comenzó a presentarnos uno por uno a todos sus músicos. Normalmente, esto se suele hacer al final, como un mero trámite, pero aquí no ocurrió así, y fue un detalle que me gustó mucho. No se limitó a eso, si no que les dejó hacer lo que mejor saben, tocar, tocar y cantar; ya que Jaime Asúa, Mara Barros, Pancho Varona y Antonio García de Diego tuvieron la oportunidad de cantar, al menos, una canción cada uno. Por cierto, todos perfectamente vestidos para la ocasión. Pancho Varona con su traje negro y sus gafas de sol, Antonio de blanco impoluto, “el marinero” y Mara con sus continuos cambios de vestido, cada cuál más acertado para las canciones que interpretaban. 

Messi puede que sea el mejor futbolista del mundo, pero siempre necesita del apoyo de Xavi e Iniesta, sin ellos ya hemos visto que su juego baja bastantes enteros. En este caso, yo veo a Antonio y a Pancho como los Xavi e Iniesta de Sabina; aunque me consta que a Pancho le gustaría más ser el Kun Agüero. Por su parte Mara Barros se ha confirmado, siguiendo con el símil futbolístico,  como el fichaje revelación de la temporada. Conocía muy poquito de esta onubense, pero su puesta en escena, sus coros y su gran sonrisa me fascinaron. Capítulo aparte merece la presencia de instrumentos tan bellos como poco comunes en los conciertos, como son el acordeón o el clarinete, que le daban el toque de excelencia a muchas canciones. 

Cuando se cumplió el tiempo reglamentario, justo donde muchos artistas se despiden acaloradamente, ponen la mano y a otra cosa mariposa; Joaquín se marchó del escenario…pero todos sabíamos que iba a volver. Nos ofreció una prórroga maravillosa, con sus dos partes, como manda el reglamento. Fue el momento para canciones que se han convertido en himnos para la parroquia sabinera, como Noches de Boda, Y nos dieron las diez, La del pirata cojo… . 

Pero nada es eterno, y cuando ya se sobrepasaban largamente las dos horas de concierto, llegó el momento de bajar el telón. Si os he comentado que verlo aparecer por primera vez hace que tu mente se olvide de todo, y tus cinco sentidos sólo tengan como misión disfrutar al máximo del espectáculo…el final tiene que devolverte a la cruda realidad; por eso lo último que pudimos escuchar fue la canción “Crisis”, para recordarnos que al día siguiente cada uno tiene que volver a sus quehaceres. Eso sí, me voy con la ilusión de que se cumpla el verso de Y nos dieron las diez:  “Ojalá que volvamos a vernos”.

9 comentarios:

Duna dijo...

Wowwww, tuvo que ser increíble ver al maestro en escena.
Me ha encantado leer tu crónica y debo felicitarte por esas 100 entradas, y por tu bonito homenaje con el post de hoy.
Me has dejado una sonrisa en la cara :)

Arturo dijo...

Que grande Sabina..

Anónimo dijo...

Más de 100 entradas, más de 100 motivos para seguir leyendo y escuchándole... lástima no haber podido asistir.

Anónimo dijo...

Muy bonita la crónica.
Tengo algunas preguntas ya que veré a Joaquín dentro de 7 días...
Cuánto tiempo duró el concierto?
Dime que cantó Calle Melancolía..!!
UN BESO!!

Anónimo dijo...

Ese momento mágico "Ojala que volvamos a vermos...OJALÁ OJALÁ...."
Creo que todos en ese momento pensamos lo mismo....ojalá y vuelva a ser muy pronto...y como bien dices amigo recule como los toreros y anuncio de nuevo la vuelta!!!

Fue genial el concierto!!!!! y una grata sorpresa descubrir tu blog...enhorabuena por el trabajo que has hecho con esta crónica...saludos

Anónimo dijo...

Al otro lado de la nube negra vivo en el número siete con mas de 100 mentiras en el bulevard de los sueños rotos con pastillas para no soñar que se llama soledad. lo que siento por la música del Bocazas Joaquín es amor y odio, es decir, la peor droga emocional.

Saavedra dijo...

Muchas gracias a todos!! La verdad es que los conciertos de Sabina siempre son muy especiales, y nunca te cansas de verlo. Esta fue mi tercera vez, y sigo esperando que no sea la última. Además de que él se encarga de que esté cuidado hasta el más mínimo detalle. El concierto duró dos horas y cuarto más o menos, y Calle Melancolía esta vez no apareció en el escenario. Pero tiene tantas grandes canciones que es muy difícil no dejarse alguna en el tintero...
A todos los que tengáis la oportunidad de verlo...¡¡no lo dudéis ni un instante!!

Alea dijo...

Espero que disfrutaras de lo lindo y que te lleves ese recuerdo contigo siempre, hasta el próximo concierto =)
Felicidades por tu centenar de entradas!

laiafolch dijo...

gracias Saaveda, esto es un regalo

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