A mis cuarenta y diez

Hoy, hace justamente 61 años, Adelita todavía no sabía que había dado a luz a uno de los mayores genios de nuestro país. En Úbeda, nació el hijo del comisario, que afortunadamente para nosotros, tomaría un camino muy distinto al de su progenitor. Casualidades del destino, en vísperas del día de los enamorados llegaba al mundo uno de los mayores expertos en el desamor.
“A mis cuarenta y diez,
cuarenta y nueve dicen que aparento,
más antes que después,
he de enfrentarme al delicado momento
de empezar a pensar
en recogerme, de sentar la cabeza,
de resignarme a dictar testamento
(perdón por la tristeza).”
Seguramente cuando Joaquín escribió la canción no tenía ni idea de cuán importante iba a ser esta cifra en su vida, los cuarenta y diez años. Normalmente suelen marcar una frontera bastante importante en la vida de las personas, llegar al medio siglo de vida no es ninguna nimiedad. Para Joaquín fue algo más que eso, al poco de cruzar esa barrera le sobrevino el archiconocido “marichalazo” con las consecuencias que todos sabemos. Poco a poco, fue abandonando la imagen que el colectivo general tiene de él. Comenzó por limitar el uso de la nariz exclusivamente para respirar, dejó de cerrar los bares (aunque trasladase el bar a su casa), y cesó de hacer tantos excesos, aunque cada vez fueran más tristes sus canciones de amor.
“Para que mis allegados, condenados
a un ingrato futuro,
no sufran lo que he sufrido, he decidido
no dejarles ni un duro,
sólo derechos de amor,
un siete en el corazón y un mar de dudas,
a condición de que no
los malvendan, en el rastro, mis viudas.”
Cuando un artista fallece, suelen aparecer buitres por todos lados para intentar sacar la mayor tajada posible; véase al padre de Michael Jackson. Sin embargo, la mejor herencia es aquella que no se divide, sino que se comparte con todo el mundo. Se trata del recuerdo inmortal de toda su obra, que se puede disfrutar, SGAE mediante, de manera inagotable. Por eso Joaquín, no habla de derechos de autor nunca, el prefiere dejarnos a todos derechos de amor, a modo de terapia gratuita para corazones rotos.
“Pero sin prisas, que, a las misas
de réquiem, nunca fui aficionado,
que, el traje de madera, que estrenaré,
no está siquiera plantado,
que, el cura, que ha de darme la extremaunción,
no es todavía monaguillo,
que, para ser comercial, a esta canción
le falta un buen estribillo.”
Resulta curioso ver como un hombre que ha vivido hasta el límite, pensando siempre en el hoy antes que en el mañana, de vez en cuando también se sienta a reflexionar sobre su existencia; y como al resto de los mortales, la muerte le resulta un tema cuanto menos escabroso. Es por eso, que no quiere hablar de misas de requiems y aboga por seguir rejuveneciendo el espíritu al mismo ritmo que envejece el DNI. Como no podía ser de otra forma, Joaquín sigue fiel a su estilo, o más bien a su no-estilo, huyendo como de la peste de los temas comerciales. Estoy seguro que millones de artistas cambiarían sus canciones con “buenos estribillos” por una que fuera la mitad de buena que esta. 

“Desde que salgo con la pálida dama
ando más muerto que vivo,
pero dormir el sueño eterno en su cama
me parece excesivo,
y, eso que nunca he renunciado a buscar,
en unos labios abiertos,
dicen que hay besos de esos que, te los dan,
y resucitan a un muerto.”
Para un conquistador nato como es él, salir con la pálida dama no le supone más que otra muesca en su revólver. De hecho, a lo largo de esta última década ha tenido un par de bailes con ella, de la que afortunadamente salió victorioso. Por suerte, le pareció excesivo dormir el sueño eterno con ella y postergó esa cita para más adelante, prefiriendo los besos de resurrección. Resulta admirable ver la facilidad y la belleza con la que trata temas tan tétricos como estos. Quizá sea porque los fans nunca pensamos en ellos, incluso cuando llega el fatídico momento nos encargamos de hacerlos inmortales convirtiéndolos en mitos y propagando su obra por cualquier rincón del mundo. Obtener ese status es mucho más importante que cualquier premio o cualquier récord de ventas, porque no está sujeto al designio de unos cuantos “entendidos musicales” o al capricho del mercado; es la gente de a pie quien decide si se merece tal grado o no. 

“Y, si a mi tumba, os acercáis de visita,
el día de mi cumpleaños,
y no os atiendo, esperadme, en la salita,
hasta que vuelva del baño.
¿A quién le puede importar,
después de muerto, que uno tenga sus vicios…?
el día del juicio final
puede que Dios sea mi abogado de oficio.”
Hay una frase que se suele decir para aquellas personas que son íntegras y fieles a su propio estilo de vida: “Genio y figura hasta la sepultura”. Pues algo de esto ocurre con Sabina, al que se le podrán reprochar muchas cosas, pero nunca la de traicionar a sus principios. Es por eso que leer sus entrevistas es un ejercicio interesante, ya que sus respuestas no son estándar ni ambiguas, además las adorna con su toque literario inconfundible. El nunca se propuso contentar a todo el mundo, si no que desde siempre se ha mantenido firme en sus pareceres. A pesar de esto, su talento le ha propiciado seguidores de todas las escalas sociales, de todos los colores políticos y de todas las edades. En un mundo donde la brecha entre las ideologías se abre cada vez más, es todo un mérito conseguir unirlos aunque sólo sea en las tres horas de un concierto.

Es significativo ver como un hombre que se ha jactado en sus canciones de ser amigo de Satán o de haber brindado con el diablo a su salud, no renuncie a la posibilidad de tener que recurrir a Dios en el momento fatídico. Supongo que todo el mundo siente la necesidad en algún momento de purgar sus pecados, aunque se hayan convertido en una forma de vida. Nadie es un canalla eternamente, aunque siempre se le recuerde como tal. 

Solamente me queda felicitar a Joaquín por sus 61 años y esperar que siga deleitándonos a todos, y si puede ser con una canción que se titule “A mis sesenta y diez” mejor que mejor. 

1 comentarios:

María Paz dijo...

Chaval! que locura encontrarme con alguien tan admirador (en todas las formas) de "Mi amigo Satán". La gran verdad está presente en todo lo que dijiste, el mejor de todos, me lo juego a cara o cruz. Felices 61 al "Ciudadano Cero" (una de sus canciones preferidas). "No permita la Virgen" que nos falte, a pesar de que tendría que estar prohibido un fulano así.. Pongamos que hablamos de Joaquín

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