Tan Joven y Tan Viejo

Cada cierto tiempo, a todos nos embarga una extraña melancolía mezclada con la nostalgia, y miramos hacia atrás. Empezamos a hacer resumen de nuestra vida, por corta o larga que sea, y nos vienen a la memoria esos recuerdos imborrables de cada una de las etapas de nuestra existencia. Normalmente esto ocurre cuando se van cumpliendo años, como me pasa hoy a mí. Pues bien, eso ocurre también con las canciones de Joaquín; cada cierto tiempo nos encontramos con una canción en donde hace resumen de su vida, o saca a relucir sus recuerdos ordenados cronológicamente o hace balance sobre el punto de la vida en el que se encuentra. Para ello basta con escuchar, A mis Cuarenta y Diez, Viudita de Clicquot o esta canción, Tan joven y tan viejo.
“Lo primero que quise fue marcharme bien lejos;
en el álbum de cromos de la resignación
pegábamos los niños que odiaban los espejos
guantes de Rita Hayworth, calles de Nueva York.”


Cuando tiramos de recuerdos, sobre todo si son infantiles, hay un elemento que no falta nunca, los álbumes de cromos. Esas eran nuestras auténticas joyas, y uno de nuestras responsabilidades mayores. Siempre te marcabas como objetivo acabar completándolo, tarea casi imposible, de hecho yo sólo conseguí completar uno; y es algo de lo que todavía me acuerdo y me enorgullezco. Además, otra de las frases que más recuerdo es esa que dice que uno empieza a notar que se hace mayor cuando su jugador favorito de fútbol es más joven que él.

Marcharnos bien lejos también es un deseo que se tiene varias veces cuando se es pequeño, todos soñamos con viajar, con estar constantemente de un lado para otro, con no estar nunca en casa básicamente. Con el paso del tiempo esa inercia se va invirtiendo, acabas deseando volver a casa y viajar terminas por verlo como una rutina o una obligación. Con los espejos pasa algo parecido, de pequeños no nos preocupamos por ellos; tienen que ser nuestras madres las que nos sujeten para peinarnos y acicalarnos. Años después, lo que hacen nuestras madres es tirar de nosotros para que dejemos el baño libre de tanto mirarnos al espejo. Por último, las calles de Nueva York reflejan esa admiración que todos tenemos por la enormidad, siempre soñamos con tener una casa grande, un coche grande y por ende vivir en una ciudad grande. Si alguna vez conseguimos algo de esto, acabamos dándonos cuenta de que también son grandes sus inconvenientes.
“Apenas vi que un ojo me guiñaba la vida
le pedí que a su antojo dispusiera de mí,
ella me dio las llaves de la ciudad prohibida
yo, todo lo que tengo, que es nada, se lo di.”


Se dice que en la vida hay trenes que sólo pasan una vez, y que si los pierdes ya nunca más podrás volver a cogerlos. Por lo tanto, los guiños que nos da la vida conviene atenderlos, o sopesar muy bien su conveniencia. Muchas veces damos por alguien todo lo que tenemos, por poco que sea, y no conseguimos la misma respuesta. Otras veces sin embargo, es totalmente lo contrario; y aquí es donde se decide muchas veces lo que vamos a ser: un valiente que arriesga y gana o un temerario que se la juega y pierde.
“Así crecí volando y volé tan deprisa
que hasta mi propia sombra de vista me perdió,
para borrar mis huellas destrocé mi camisa,
confundí con estrellas las luces de neón.”


Los años pasan volando, es uno de los tópicos más utilizados, también es uno de los más ignorados cuando eres joven y de los más repetidos cuando eres viejo. Si miras el presente o miras al futuro, el tiempo pasa despacio, pero si miras al pasado sucede todo lo contrario. Siempre tenemos en mente una fecha futura, un acontecimiento especial que marca un poco nuestro ritmo de vida. Esperando que llegue, nuestra percepción del tiempo es lenta y aburrida; cuando llega el tiempo se dispara, y más pronto que tarde nos encontramos esperando de nuevo a otra fecha marcada en ese calendario que devoramos sin darnos cuenta.

Todo lo que hacemos a lo largo de nuestra vida permanece, como mínimo en nuestro disco duro personal. Aunque muchas veces intentemos borrar nuestras huellas, por algo de lo que nos avergoncemos, las huellas de la memoria son imborrables y para bien o para mal nos acompañan siempre. Cosa distinta es que no queramos que todo el mundo nos recuerde por algo indecoroso, pero no conviene olvidarlo para evitar un nuevo tropiezo en la misma piedra.

Confundir las estrellas con luces de neón es algo que nos ha ocurrido a todos. Siempre nos gusta pensar en algo bonito o fantasioso, nos gusta soñar con un mundo creado por nosotros mismos, dejar volar nuestra imaginación aunque sea por unos instantes; aún a sabiendas de que la realidad es muy diferente. Es el ejercicio de los “ysis”, y si hubiera hecho esto, y si esto fuera así, y si no existiera esto…

“Hice trampas al póker, defraudé a mis amigos,
sobre el banco de un parque dormí como un lirón;
por decir lo que pienso sin pensar lo que digo
más de un beso me dieron (y más de un bofetón).”

Aquí viene una de las frases que más recordaré nunca de las canciones de Sabina, “por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo más de un beso me dieron, y más de un bofetón”. Aquí se resume un estilo de vida, un estilo de pensar, un estilo de actuar. Yo voto por gente así, en un mundo cargado de falsedad, donde las apariencias ganan todo tipo de juicios y la hipocresía es el denominador común de la población; se agradece que todavía quede gente íntegra. Yo, personalmente agradezco mucho más un bofetón sincero que una palmadita falsa en la espalda. Con el bofetón te hacen reflexionar, con la palmadita te engañan.
“Lo que sé del olvido lo aprendí de la luna,
lo que sé del pecado lo tuve que buscar
como un ladrón debajo de la falda de alguna
de cuyo nombre ahora no me quiero acordar.”



A lo largo de la vida hay muchas cosas que las vamos aprendiendo por nosotros mismos, y otras que nos las tienen que enseñar. Dentro de las que vamos aprendiendo, muchas aparecen por simple casualidad y otras nos explotan en la cara. Pero todas consiguen que otro tópico vuelva a tener razón, la experiencia es un grado. Cuando no se tiene se la infravalora, pero con el paso del tiempo su protagonismo es cada vez mayor y su utilidad también.

“Así que, de momento, nada de adiós muchachos,
me duermo en los entierros de mi generación;
cada noche me invento, todavía me emborracho;
tan joven y tan viejo, Like a Rolling Stone.”


Todas estas miradas hacia el pasado no tiene por qué ser únicamente para que nos embargue la nostalgia, también nos pueden servir para cargarnos de buenas sensaciones y mirar al futuro con la esperanza de conseguir esos cromos que todavía faltan en nuestro álbum. Pensar en que ahora eres más joven que en el futuro siempre es un mejor ejercicio que hacerlo a la inversa; y eso nos dice Joaquín. Yo espero que esto no pierda vigencia nunca, que siempre se siga inventando cada noche, se siga emborrachando y se siga durmiendo en los entierros de su generación a pesar de que muchos no le dieran demasiados años de vida.


1 comentarios:

Jaime dijo...

Genial post... además le has dado más sentido a algunas frases a una de mis canciones favoritas del flaco...

Contra la nostalgia yo quiero hablar de vivir el presente y dar gracias por estar vivo ahora mismo.

Un saludo, buen blog!

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